Condición fiscal

Por: Carlos Camacho / Socio Director de Grupo Camacho Internacional

Quizá nunca antes había el país enfrentado de manera simultánea una crisis de la profundidad que tenemos al frente hoy, siendo este posiblemente, ese tocar fondo profundo para poder sacar lo mejor de nosotros y resolver temas que traemos pendientes “para mejores momentos”, pero como todo aquello que resulta de la procrastinación, simplemente, le llega su término y hay que resolverlo de una manera u otra. La situación económica del país, tanto desde la óptica de la caída de la producción, la perdida de la confianza de los consumidores, la creciente condición de sub y desempleo, la carga que comporta para quienes son buenos contribuyentes, la condición de presiones fiscales directas e indirectas, simplemente plantean un panorama poco visto, en especial cuando el mismo, se da en la puerta del horno de una elecciones con matices muy gravemente singulares en los que los poderes de la República han caído en la peor de las condiciones que es la pérdida de la confianza del pueblo. Si bien esto no es nuevo, la crisis política recurrente y devastadora se había remitido a los partidos mismos, en su condición de institutos de personas con ciertas características, pero hoy, se ha llegado al hueso mismo de la democracia, dejando en todos los Poderes del Estado, una huella inefable de que estamos en el fondo de un abismo que a cuatro meses de las elecciones solo se plantea como más profundo.

Con un déficit fiscal creciente, errático, con disparadores imparables y con ausencia de acuerdo político para lograr una reforma fiscal inmediata, es fundamental que los agentes económicos, tengamos claro que el panorama es peor que cualquier reforma fiscal, por mala que esta nos pueda llegar a parecer. La economía es análoga a la fuerza del agua en los caudales de los ríos, estos pueden desviarse por un tiempo, pero en el momento menos esperado, cobrarán sus cauces de nuevo. En materia del desequilibrio que vivimos y ante signos que no pueden pasar desapercibidos, como el préstamo de mil millones de dólares al Banco Central cuando la condición de reservas se ha indicado estable y más bien creciente, es señal de guerra por el único flanco de la economía por el que la autocomposición no requiere planteamientos de consenso en el ámbito legislativo, abriendo una puerta muy grave a la posible aplicación de medidas en lo monetario, en concreto la devaluación, que sería el impuesto más regresivo y destructor de riqueza que existe, pero todo aquello que se resiste persiste. Por seguir deshojando la margarita a ver si el IVA es o no regresivo tenemos a las puertas el peor de los efectos en el bolsillo en especial de las clases más necesitadas y ya de por sí en condición social deplorable. Esta condición con variaciones en creciente de los precios del petróleo, las condiciones de pérdida de calificación por alto riesgo de instituciones financieras, la alta concentración del crédito dolarizado en manos de personas altamente sensibles a la devaluación, son si se quiere la peor de las combinaciones que hemos tenido que enfrentar como país en los últimos 40 años.

¿Estamos preparados como empresarios y como país para enfrentar esta realidad, a pesar del espejismo de las elecciones, con cuestionables instituciones al frente?

Cortesía de La República