Cartas de navegación, bienvenido a bordo

Los mejores pilotos del mundo piden para planear sus viajes las cartas de navegación, esto ha sido la historia de la navegación desde sus orígenes. El nuevo Ministro de Hacienda, don Rodrigo Chaves, debe ser, sin lugar a duda, un excelente piloto de finanzas públicas de países complejos. Lo han mandado a ser profeta en su propia tierra. ¡Vaya encarguito! Si hasta Jesús tuvo sus asuntos en Nazareth.

Las cartas de navegación son complicadas cuando no están homologadas: carecen de uniformidad, credibilidad, consistencia y coherencia. Las finanzas de un país se componen de las finanzas del sector público, las instituciones regularizadas y el estado del sector privado.

Un sector público de cuestionable credibilidad. Tanto que se ha requerido de investigaciones exhaustivas para determinar el tamaño del “hueco fiscal” que apareció como un cráter adherido al reconocido y preocupante déficit fiscal. Un déficit que dio origen al Plan de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, hoy reducido a una simple reforma de nuevos impuestos por la irresponsable gestión del gasto que hizo salir – hecho fáctico – a la anterior ministra de Hacienda. Acto que dio paso al regreso de don Rodrigo al país.

La tarea de un Ministro de Hacienda es ingrata siempre y requiere del calibre personal y profesional que indudablemente tiene don Rodrigo. Este debe ser complementado con un compromiso serio, auténtico y simplemente apegado al principio de legalidad por parte del resto de los actores políticos; empezando por la cabeza misma del Gobierno, con un especial y respetuoso llamado al Señor Presidente de la República, a poner un estate quieto a su “camarilla”.

Como punto de partida, es fundamental que sea de conocimiento público, que ya existe una contabilidad consolidada a nivel país con planes uniformes de cuentas. Aún hay grandes ausentes en esta uniformidad contable como la Caja Costarricense de Seguro Social, la UNED, la Universidad de Cota Rica y un número grande de municipalidades; pero al menos ya una parte significativa del sector público tiene cuentas consolidadas y uniformes, que son trazables y contrastables de conformidad con normas de referencia técnica. Estas cuentas darán al navegante del barco un mejor y más claro panorama del estado de las finanzas públicas en el sector público.

Ya existe desde 2017 la posibilidad de comparar información sistematizada en depósito y custodia de la Contabilidad Nacional, ente que debe ser el garante de la calidad y cumplimiento de esta responsabilidad.

Ahora bien, la realidad del sector privado hay que partirla en dos: La que corresponde al sector regulado, en particular por el CONASSIF y todas las superintendencias adscritas a este ente rector de los sectores financieros de la economía, y la realidad del sector productivo.

Las entidades reguladas cuentan con claridad de reglas de obligado cumplimiento desde hace casi dos décadas. La información sobre este este sector no solo es más abundante y rica, sino que tiene una unidad de rectoría y supervisión de vigilia tanto de su cumplimiento formal como de la calidad de su operación a través de las superintendencias y sus principios de transparencia. Con estas cartas de navegación también se pueda contar y en tesis de principio confiar para la toma de decisiones sectoriales.

Del sector no gubernamental se tienen todos los agentes financieros con información disponible para una cantidad de años que permiten hacer análisis y medir tendencias, fundamentales en la constelación que orienta a los buenos navegantes, que aparte de tener cartas tienen aun que aplicar la ancestral referencia astral.

Desafortunadamente, cuando llegamos a los actores de la economía real, el sector productivo generador de riqueza, los datos no solo están dispersos, sino que cuentan con unas reglas difusas. Aunque están estandarizadas en tesis de principio en el uso de las Normas Internacionales de Información Financiera, no hallan cobijo en planes de cuentas uniformes como sí los tiene el sector financiero de la economía, que también está obligado por esas normas referenciales de orden técnico, pero que a pesar de su amplitud y solvencia técnica se ha reconocido la necesidad de adecuarlas a través de los planes de cuenta del sector respectivo.

Cuando se quiere leer el resto del rompecabezas, las cartas de navegación económica no permiten resolver mediante un plan único de cuentas aplicable al sector privado. Uno que cuente con los elementos concretos y uniformes que permitiera la generación de un gran balance nacional consolidado, contrastable con el trabajo estadístico, no contable que hacen instituciones a cargo del cálculo de una variable tan clave para las decisiones en la economía como el cálculo del producto interno bruto.

El sector privado no puede seguir en la condición ayuna de normas, que solo dejan al empresariado en serios problemas de certeza legal. En especial cuando enfrenta procesos de fiscalización por parte de las autoridades tributarias, que hacen valoraciones subjetivas y por ende arbitrarias e ilegales respecto del cumplimiento de la contabilidad del contribuyente con las normas contables. Ellos tampoco las conocen pero que revierten la inversión de la carga de la prueba en contra del contribuyente.

Un contribuyente que hace su mejor esfuerzo a ciegas de norma cierta y concreta de aplicar las normas contables en el propio beneficio de ser una persona de negocios razonable y sensata. Pero sin reglas claras, las puertas de la arbitrariedad están abiertas. ¡Por cierto! se convierten en pasaje predilecto de las unidades de fiscalización de Tributación siempre a los mismos actores de la economía.

Este problema del contribuyente será la pieza que le falte al cuadro de navegación de cualquier tomador de decisiones, en especial en el Ministerio de Hacienda, donde se desconoce valores ciertos de la economía real del sector privado en ausencia de reglas claras de una norma de plan único de cuentas, de carácter general, cierto y unívoco, apegado a la misma filosofía con la que el resto de los agentes económicos descritos llevan ya sus cuentas. Un plan que propicie un ambiente de cancha nivelada para todos, salvaguardando el principio de igualdad constitucional y los valores de la transparencia en la gestión tanto pública como privada.

Urge que desde el Ministerio de Hacienda se atienda con sentido de real urgencia esta valiosa pieza instrumental. En el resto de los ordenamientos medianamente avanzados ya es norma hace muchos años, propiciando en especial certeza y uniformidad de criterio.

Esta labor regulatoria, debe estar fuera de la esfera de la Administración Tributaria, pero claramente dentro del Ministerio de Hacienda. Los detractores de todas las iniciativas presentadas en los últimos veinte años, han sido precisamente ellos, los custodios de la norma tributaria, pues se quedarían marcados de certidumbre donde la cancha de la arbitrariedad les ha sido complaciente. Darle este encargo a quien hoy saca ventaja de su inacción debe ser neutralizado con una unidad especializada del Ministerio, en conjunto con los colegios profesionales que tienen la encomienda de la ley de regentar la práctica de la contabilidad, a ver si de una buena vez hablando claro nos entendemos.

A don Rodrigo, finalmente, desearle lo mejor pues si su gestión es exitosa, los que seremos ganadores somos todos como país, eso pasa por la necesaria candencia del crisol. Esto, señoras y señores, va a ser doloroso, pero rescataremos al país… de otra forma, solo alargaremos una agonía que nuestra gente no merece.

Carlos Camacho Córdoba
Socio Director de Grupo Camacho Internacional

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