¡Felicitaciones Costa Rica! Miembro de OCDE, número 38 ¿Y ahora?

 

Costa Rica fue admitido como país miembro de la OCDE luego de una votación unánime el 15 de mayo pasado. Una decisión que provoca sentimientos encontrados.

¡Gran alegría! Formamos parte de un selecto grupo de naciones, que representa menos del 20% de las 194 naciones que componen el globo. Una alegría que se fundamenta en los altos estándares que se utilizan en los procesos de adhesión y admisión, que implica una serie de revisiones de 22 comités, que deben emitir sus informes del nivel de cumplimiento de estándares que van desde los financieros, hasta rigurosas políticas de transparencia y lucha contra la evasión fiscal en todas sus formas.

Indica la propia página de la OCDE, de obligado marcaje como favorito en adelante, que:

“Trabajamos con una variedad de países a través de programas de país y enfoques específicos de cada país, para ayudarlos a acercarse a las normas y recomendaciones de políticas de la OCDE y apoyar sus reformas de políticas en áreas predeterminadas específicas, como integridad, anticorrupción, gobernanza, gobierno de derecho, inversión, clima empresarial” (el castellano, es lengua secundaria en la organización, siendo oficiales el francés y el inglés, puede notarse en la cita).

Ahora nosotros formamos parte de ese plural de “trabajamos”, de manera activa como miembros, así como pasiva con una larga lista de pendientes.

Estaremos compartiendo la mesa con el G-20 y otras economías emergentes, que se consideran en condiciones de llegar a su estado de desarrollo económico, social y regulatorio en diversos plazos; particularmente a través del cumplimiento de una serie de íconos marcados en la hoja de ruta, que cambian la velocidad y la ejecución de dichos compromisos a una velocidad muy distinta a la propia de Costa Rica. Un país distinto y distinguible, donde se sirve con la cuchara de partícipe en la creación de políticas para el logro de la misión de la OCDE.

También, no podemos dejar de manifestar nuestra preocupación por las consecuencias que, en materia de realidades económicas y fiscales de nuestro país – para referirme a las de mi área de conocimiento – cuando se contrastan con las rigurosas normas que se han creado y siguen construyendo como mejores prácticas, donde ahora, somos tal y como lo indicaba en el párrafo anterior, protagonistas bilaterales de esa nueva realidad. Una multiplicidad de nuevas realidades superpuestas.

Por una parte, la nueva realidad que está en desarrollo y de incierto resultado producto de la Covid 19, así como la que lleva ya 60 años de existir desde la firma de la Convención en diciembre de 1960 y que marcó la transformación de su predecesor, la Organización Europea de Cooperación Económica transformándose – institución de la post Segunda Guerra Mundial, fundada en 1948 – en la Organización para la Cooperación Económica. La inclusión de Costa Rica en la OCDE es la primera apertura regional del seno de su origen histórico, a la actual etapa a formar parte de la solución a algunos países con pendientes severos.

Hay que tener en cuenta que las reglas de la OCDE se convierten hoy en derecho supranacional. Es decir, las normas que resultan de la Convención tienen un mayor rango, incluso, que las leyes nacionales. Pasa de manera significativa el pilotaje a manos parciales del Derecho Internacional que, según nuestra Constitución Política, está por encima de nuestras leyes.

No deja de ser un reto para el país tener que pasar de una dinámica en la que se es piloto a, ahora, copilotar. Esto no deja de ser incomodo, como experiencia vital lo podemos testificar los que padecemos de vértigo de pasajero, cuando alguien nos hace el favor de conducir nuestro carro, que es una experiencia análoga a la que estamos a punto de experimentar y permanecer viviendo.

También debemos remarcar el acto de perseverancia de nuestras autoridades. Desde la iniciativa planteada por la Administración Chinchilla Miranda, que en el año 2015 hizo las gestiones formales de solicitud de admisión hasta la administración Solís Rivera y la actual Administración Alvarado Quesada, en la que se culmina el proceso.

Tres administraciones, dos partidos políticos, han tenido que correr esta antorcha hasta su destino. Ahora bien, ¿es el destino? o ¿es el inicio de un camino?

Indudablemente la respuesta mas acertada es aquella que ve el fin de un largo proceso, pero el inicio del tránsito por un nuevo camino. Una ruta y destino claros para la organización (OCDE), pues ya tiene 60 años procurando y renovando el mapa de organización de la que hoy somos parte. Pero, debemos hacer examen de qué significa para la diversidad sectorial que compone la sociedad costarricense, este fin de proceso e inicio de camino.

Sin querer ser exhaustivos por razones prácticas, pasaremos revista sobre algunos de los protagonistas de la sociedad.

El ciudadano de a pie: Cuando lee esta noticia le puede hasta dar un poco igual. Incluso puede recibir felicitaciones de sus parientes, amigos o conocidos de otras partes del mundo por el logo país. Su vida nunca será la misma, a pesar de ignorar lo que está ocurriendo. Está hoy bajo un conjunto de compromisos claros y por venir, que le transformarán – entre un abundante número de áreas de su vida cotidiana – sus relaciones con las entidades financieras, las actividades de comercio, sus condiciones laborales, las relaciones empresariales y por supuesto, las consecuencias en el bolsillo. Estar en el club exclusivo de la OCDE lo tiene que pagar la sociedad en su conjunto, sin derecho de malas caras.

El empresario, los emprendedores y los agentes económicos independientes: Nos toca soportar una carga de responsabilidades relativas a la gobernanza cotidiana de nuestros quehaceres. El soportar una presión fiscal incremental resultado de los datos de presión fiscal media de los países miembros de la OCDE. Solo para que tengamos el dato, la presión fiscal media reportada por Costa Rica para 2019 es del 24%, aún después de la reforma fiscal de 2018, con la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas. El dato espeluznante, es que la media de OCDE es más del 34% sobre el PIB, es caro ser medido con esta nueva métrica.

La Administración Tributaria: Le espera una gran tarea. Una efectiva reforma estructural para resolver su histórica incapacidad de detectar a los omisos y presionar a los formales. Deberá transformarse una Administración que le gusta más la pesca en pecera, no tendrá otra opción más que echarse al mar en una situación tormentosa en momentos como el actual. Confiamos, que las nuevas autoridades y las recientes estructuraciones iniciales, serán el medio para una gran limpia a las unidades de fiscalización; especialmente para sacar aquellos funcionarios que por el ejercicio de la corrupción – como su profesión institucionalizada – distraen la efectiva recaudación que resultaría de las fiscalizaciones llevadas con técnica y ética.

Los profesionales que nos dedicamos al tema fiscal: Nos espera, especialmente en el área de cumplimiento, planificación y litigio, una labor de profunda inmersión en la abundante y espesa normativa a la que el país ya se ha comprometido. Tendremos que reeducar a nuestros clientes. Debemos empezar por el propio proceso de educación que, de manera piramidal, haga eficiente y eficaz la capacitación a los diversos intermediarios fiscales, que incluyen a una diversa gama de participes que de manera directa o indirecta cooperan con la gestión empresarial. Ellos ya están identificados desde el informe de la OCDE del encuentro de Seúl 2008 y que, ya sea por desconocimiento o acción dolosa, inducen al cliente a prácticas que, en el actual estado de cosas, simplemente no son sostenibles.

¡Bienvenidos a esta otra dimensión de la nueva realidad post OCDE! Les invito a todos participar del camino con conciencia, ya que la negación no es el camino de adaptación. Evitemos los fenómenos del avestruz en la fase larga de negación, pues ya estamos ahí en el inicio de este nuevo devenir de la globalización sofisticad. Será la adaptación la que nos garantice la sostenibilidad de nuestros roles, en las fases que nos correspondan, para entrar en este camino al crecimiento al que nos han invitado el 15 de mayo. Al recibir y aceptar dicha invitación, ahora debemos arreglarnos con las consecuencias.

Ahora más que nunca urge un verdadero plan de reactivación económica. Serio, claro, exento de expectativas falsas – como las que venimos viviendo –. Con acciones concretas y sentido de urgencia. Venimos en deuda, es tiempo de pagarla y hacerlo con creces por la demora inexplicable que traemos. La vara con que nos medirán en la puerta de entrada será cada vez mas rigurosa para permanecer en este club de países privilegiados.

Debemos todos, empezando por las autoridades, – como lo hemos advertido por años – tener claro que esta admisión no es un destino. Es el inicio de una nueva era de relaciones que hay que propiciar en un especial ambiente de comunicación y transparencia de las implicaciones. Se debe educar al país para que todos podamos, en el largo plazo, vernos en la fase de la cosecha de los frutos que hay que cultivar. Que en el día del agricultor – 15 de mayo – nos hayan ofrecido entrar a ese gran reto, quizá no sea por coincidencia, sino para que entendamos mejor lo que implica nuestra incorporación a la OCDE.

 

Publicado en el periódico La República el 19 de mayo del 2020

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