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El mundo entero está sumido en un gran signo de interrogación sobre el futuro. Los fenómenos políticos, los descontroles de las economías históricamente más estables y fuertes y la tensión de clima de guerra son al menos tres denominadores comunes que impactan en la vida de las personas, las empresas y los Estados.

Si los países que tenían condiciones financieras sólidas y boyantes están viviendo esta condición tan fuerte de desequilibrio, entre ellos nuestros compañeros de barco de la OCDE sin excepción; en los países que teníamos condiciones históricas de mayor debilidad en el manejo de temas trascendentes como el de la deuda, el déficit, el desempleo, ahora agobiado adicionalmente por la escasez de bienes, demanda insatisfecha de personas calificadas y una creciente inflación, estamos enfrentando un momento de gran reto.

La palabra crisis es pertinente a una serie de otras palabras que a su vez acompañan la realidad planteada: mutación, cambio, riesgo, peligro… También, para quienes leen entre las líneas de la historia, las crisis son las propulsoras de grandes oportunidades de desarrollo de las personas, las empresas y los Estados. Estimulan la creatividad de aquellos que procuran evitar el secuestro emocional por las connotaciones negativas del entorno. Para ello debemos abordar el asunto con realismo, pero con visión estratégica a la vez.

La lectura del contexto político y social puede llegar a ser disonante cuando en medio de un ambiente de turbulencia y manifestaciones graves de la descomposición social, hablamos de explotar en todo su amplio sentido el ambiente caótico y aprovechar las áreas de oportunidad.

A Costa Rica le acompañan los hechos y la historia, comparada a la de otros países de Centroamérica y América Latina; es el país con la tradición democrática de mayor estabilidad, en la trilogía de la política, economía y sociedad.

Este enfoque comparativo es necesario, no para desatender ni mucho menos pretender “tapar el sol con un dedo”, los aspectos que en el interno debemos resolver y que abordaré adelante, sino para determinar en nuestro análisis de fortalezas y oportunidades cómo podemos sacar provecho competitivo en atracción de inversión de los países ricos. Esos que enfrentan las trompetas de recesión y en los que sus habitantes están viendo la guerra muy de cerca, o peor aún la violencia social desordenada, creciente y sistemática, como en la época del “viejo oeste”, nunca más aplicable a Estados Unidos que hoy, con una desgarradora inseguridad de víctimas inocentes de actos vandálicos.

En nuestro vecindario latinoamericano vemos la creciente predominancia de gobiernos de izquierda, con la última de las piezas caídas en Colombia. Se fortalece la influencia del Grupo de Sao Paulo, de la nueva izquierda latinoamericana con un libreto absolutamente predecible, temerario y destructivo de riqueza.

Para ellos la riqueza es perversa y la someten a presiones que conllevan la reubicación de negocios y unidades de emprendimiento de los actores económicos en otros países. ¡Estamos en una coyuntura ideal para aprovechar!

La desgracia latinoamericana, en particular de los países sudamericanos sin dejar de lado el notable drama de la izquierda mexicana, deja pocas opciones para que, tanto norte como sur, encuentren remansos de relativa estabilidad en Costa Rica. Por supuesto, una estabilidad superlativa, cuando es vista desde su realidad interna.

Costa Rica tiene una condición singular por aprovechar para incrementar la potencia de la promoción de la inversión extranjera directa, mientras que la inversión local, como testigo de excepción, debe exigir que las condiciones paritarias no generen sentidos contrarios al principio de igualdad constitucional. Es una circunstancia que no podemos desaprovechar.

Los países hermanos de América Latina no han llegado donde están por simple moda o casualidad. La izquierda se ha entronizado en ellos por motivos de orden causal de los que tenemos un peligroso semillero ya plantado en nuestro país.

Debemos erradicar los diseminados vicios alimentados por las administraciones de los últimos ocho años, con la agenda de los llamados “progres,” que en realidad nos han puesto en condiciones para que, si no hacemos con urgencia un alineamiento de acciones que ataquen las raíces de ese semillero podemos, a la vuelta de algunos años, llegar a contagiarnos de la viruela del grupo de Sao Paulo.

La gran responsabilidad de la administración Chaves va más allá de seguir diciendo – que tiene la responsabilidad de seguir haciéndolo – qué tan mal estaban las cosas públicas.

Como decía la estadista alemana Ángela Merkel, no es propio solamente señar lo malo de los anteriores, pues los líderes son electos para resolver y no para quedarse en el diagnóstico. Ese que no resuelve pero que además inyecta desánimo en los agentes económicos honestos y responsables de las cargas públicas, la generación del empleo y la creación de riqueza.

Necesitamos reglas de juego claras e igual trato con los apreciables esfuerzos para la atracción de inversión extranjera directa.

Los pendientes son muchos. Fue poco lo hecho, no solo por las últimas dos administraciones, sino por quienes han ostentado distintos cargos de servicio público. La deuda es gigante tanto por el Poder Ejecutivo como por el resto de los poderes e instituciones de la República.

Las tareas pendientes son requeridas para aprovechar la coyuntura del entorno. Deben ser atendidas con claridad y urgencia el tamaño, vencimiento y costo de la deuda interna y externa. Se debe propiciar seguridad jurídica para emprendedores y empresarios de todos los tamaños y sectores, que permita atacar el grave nivel de desempleo y subempleo, propulsor social de la pobreza, donde cada vez más seres humanos ven desmejorada su capacidad de dar con dignidad techo, comida y abrigo a sí mismos y a sus dependientes.

La agenda del presidente es clara en relación con el manejo de la trilogía de déficit, deuda e inflación. Están claros los “qué”, poco a poco se aclaran los “cómo lo harán,” pero es fundamental, para brindar el “empujón” necesario al aparato productivo que esta definición se precisa, concentrada, realista, medible y exigible.

Se debe ordenar nuestro aparato productivo, propulsor de la paz social que es la base de nuestra ventaja competitiva en el mercado de atracción de inversiones y nuevos residentes, para recibir nuevos emprendimientos y personas con capacidades contributivas y de consumo, para alejar del país ese fenómeno que los economistas denominan “estanflación,” compuesto por un concubinato entre la perniciosa inflación y tintes de recesión.

De los primeros cien días rescatamos la claridad de verbo con que se comunica el presidente, la frecuencia de contacto con las múltiples situaciones que como país debemos enfrentar.

Los exámenes, los análisis de laboratorio, ya los tiene en sus manos, ahora toca la medicación. Ya se ha anunciado sobre esto la propuesta de venta de activos del Estado, se ha referido ya a la inevitable reforma fiscal, misma que debe evitar sea toqueteada por la abusiva y atrevida ignorancia y peor aún la perversa manipulación de la ignorancia por parte de grupos que financian las campañas y tienen los asientos de los diputados en hipoteca económica de las voluntades de los creadores legales de normas.

Urge aprovechar la agenda legislativa con la convocatoria sustancial de leyes concretas. Ya definidos los derroteros del Ejecutivo, es hora de hacer el pase al Poder Legislativo, no sin antes reconciliar el tono.

El señor presidente lo ha iniciado con su discurso, pero se requiere más que tono, se requiere habilidad negociadora entendiendo que luego de haber consumido un trimestre de control de agenda legislativa, es urgente priorizar en la negociación de proyectos para las siguientes sesiones extraordinarias.

Negociar con esta conformación de congreso es, como siempre, complicado; sin embargo, debemos tener en cuenta y debe apalancar la negociación el Poder Ejecutivo en que a pesar de ser minoría su neonato partido, cuenta con otra coyuntura que es tener el congreso menos fraccionado de los últimos 20 años.

Si se aprovecha la negociación en materia económica, puede contar con los partidos emergentes y con los experimentados de Liberación y PUSC para pagar la deuda histórica a Costa Rica y poder sacar ventaja comparativa de las circunstancias del entorno que atiza algunos de los disparadores de desigualdad como la inflación que se importa y se genera localmente. Es urgente plantear un cambio de ritmo en la relación entre poderes del Estado.

El cambio histórico puede ser la “tabla de salvación” para aprovechar las oportunidades que solo se dan cuando se presentan y que resultan en meras circunstancias anecdóticas si no se aprovechan. El cortejo entre poderes debe estar exento de mezquindad y más bien prevalecer el compromiso con el pueblo y quienes creemos que, aunque la democracia es un modelo perfectible, debe seguirse caminando por esas rutas para evitar virajes a la izquierda latinoamericana de la última joya de la democracia moderna, como lo es Costa Rica.

La democracia, allende de un sistema electoral, debe ser una forma de convivencia, donde en común pongamos los intereses que pertenecen a las mayorías, entendiendo que para todos es sano el equilibrio, la equidad y la solidaridad económica como medio de aseguramiento de la paz social.

 

Artículo escrito por: 

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Escríbanos al correo: info@grupocamacho.com

 

Carlos Camacho C.

Socio Director

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